Los orígenes de La Frikoteka
De los videoclubes y el VHS al podcasting: la historia detrás del proyecto que dio vida a La Frikoteka.
Por Iñaki Lobo Sánchez · · 4 min de lectura · 840 palabras
Los orígenes de La Frikoteka
Iniciar un proyecto de podcasting implica mucho más que encender un micrófono y hablar. Durante años he escuchado que el podcast es una versión menor de la radio, una afirmación que, con el tiempo, he comprobado que no se sostiene. La calidad no depende del medio, sino del criterio, la dedicación y el trabajo que hay detrás. Un podcast exige conocimientos técnicos, planificación y una intención clara. En mi caso, esa intención nunca fue el podcasting en sí, sino el cine.
La Frikoteka nace de una afición que me acompaña desde la infancia. Crecí rodeado de películas y formatos que hoy forman parte de la memoria de toda una generación: el VHS, con sus cintas que se rebobinaban una y otra vez; el DVD, que supuso un salto evidente en calidad y accesibilidad; el Blu-ray, que refinó la experiencia doméstica; y el UHD, que representa el estándar más avanzado en la actualidad. Cada uno de ellos ha ocupado un lugar en mi videoteca y también en mi manera de entender el cine.
Antes de todo eso, mi punto de referencia era el videoclub. Aquel espacio no era solo un lugar de alquiler, sino una puerta de acceso a historias que terminaron por marcar mi criterio. Con el tiempo, esa relación dejó de ser únicamente de consumo para transformarse en colección. Una colección construida con una idea muy concreta: no acumular por acumular, sino seleccionar. Cada título debía tener un motivo para estar ahí.
El descubrimiento del podcasting en 2012 supuso un punto de inflexión. Hasta entonces, mi relación con el cine había sido esencialmente individual, pero aquel formato abría la posibilidad de compartirlo. En 2014 decidí dar el paso y crear el programa que a mí me habría gustado escuchar: un espacio donde hablar de cine con naturalidad, sin artificios.
El siguiente paso fue decidir con quién compartir esa experiencia. El primer nombre que apareció fue el de Luis Carballés. Años atrás habíamos coincidido en una cafetería que yo regentaba y en la que él era cliente habitual. Allí surgieron muchas conversaciones sobre cine, tertulias espontáneas en las que hablábamos de actores, directores y películas con total libertad. Recuperar ese contacto y trasladarlo al formato podcast fue una consecuencia casi natural.
Los comienzos estuvieron marcados por la falta de medios y experiencia. Intentamos grabar a distancia con herramientas muy básicas, sin éxito. Aquella primera prueba no llegó a publicarse. Lejos de ser un freno, se convirtió en una lección sobre lo que necesitaba el proyecto para avanzar.
La incorporación de Yelko Peña como tercer participante aportó dinamismo a las conversaciones. Sin embargo, las limitaciones técnicas seguían presentes. Las primeras grabaciones, realizadas con recursos básicos y sin conocimientos de edición, no alcanzaban el nivel que yo mismo consideraba adecuado.
La evolución llegó a través del aprendizaje. El descubrimiento de herramientas como Audacity permitió mejorar la calidad del sonido y comenzar a construir una base sólida. A partir de ese momento, el proyecto empezó a definirse con mayor claridad: aparecieron los guiones, la estructura de los programas y una planificación más consciente.
El nombre de La Frikoteka surge de una anécdota personal. Al mostrar mi colección de películas, alguien la definió como una «fricoteca». El término encajaba perfectamente con lo que representaba: una videoteca construida desde un criterio muy personal. La adaptación del nombre y su grafía con "K" terminaron por convertirse en una seña de identidad.
A partir de ese momento, el podcast comenzó a evolucionar de forma natural. Con el tiempo fui adquiriendo nuevos conocimientos, no solo en el ámbito técnico y sonoro, sino también en otros aspectos del proceso creativo. El propio desarrollo de La Frikoteka me permitió mejorar como locutor, afinar mi escritura y desarrollar una identidad visual coherente a través del diseño gráfico.
Esa evolución no se limitó a un único formato. El podcasting abrió la puerta a nuevas inquietudes y me llevó a explorar otros proyectos vinculados a la música, la narrativa o el debate. Al mismo tiempo, y conforme La Frikoteka crecía, comenzaron a sumarse nuevas voces dentro de la comunidad hispanohablante, enriqueciendo el proyecto con distintas perspectivas.
Tras un paréntesis necesario, motivado por la reflexión y la revisión del propio camino recorrido, el proyecto retomó su actividad con una nueva etapa. En ella se consolidaron colaboraciones habituales como la de Alex Soto, a la que se suma la presencia de Misery Ratty, cuya participación recurrente se ha integrado de forma natural en la identidad del programa.
El podcasting, lejos de ser un proceso cerrado, continúa siendo para mí una herramienta de aprendizaje constante. Me permite seguir descubriendo nuevas voces, nuevas ideas y nuevas formas de expresión. Confío en que ese recorrido se refleje en cada programa y que la pasión con la que afronto cada grabación sea también percibida por quienes se sitúan al otro lado del micrófono.
La Frikoteka no nace del azar. Nace de años de aprendizaje, de una afición consolidada y de la voluntad de convertir esa experiencia en algo que otros también puedan disfrutar.