Robert Englund: El inolvidable actor que nos acompañó en muchos sueños

Repaso a la vida y carrera de Robert Englund, el actor que inmortalizó a Freddy Krueger, convirtiéndose en uno de los rostros más carismáticos del cine de terror.

Por Misery Ratty · · 6 min de lectura · 1418 palabras

Robert Englund: El inolvidable actor que nos acompañó en muchos sueños

Robert Englund: el actor que convirtió nuestras pesadillas en un icono cinematográfico

Existen personajes tan poderosos que terminan devorando la identidad de quien los interpreta. Sin embargo, en muy contadas ocasiones sucede algo distinto: actor y personaje se fusionan hasta el punto de resultar inseparables. Eso es exactamente lo que ocurrió entre Robert Englund y Freddy Krueger.

Para millones de aficionados al cine de terror, Freddy no es simplemente el asesino de los sueños que apareció en una película de los años ochenta. Es una figura cultural, un icono reconocible en cualquier rincón del planeta. Un monstruo capaz de provocar miedo, simpatía y diversión al mismo tiempo.

Pero detrás del sombrero, del jersey a rayas y del guante de cuchillas hay una historia fascinante. La de un actor formado en el teatro clásico que jamás imaginó que acabaría convirtiéndose en el rostro más famoso del cine de terror moderno.

Un niño que soñaba con los escenarios

Robert Barton Englund nació el 6 de junio de 1947 en Glendale, California. Su padre era ingeniero aeronáutico y participó en diversos proyectos relacionados con la industria aeronáutica estadounidense. Nada hacía pensar que el pequeño Robert terminaría dedicando su vida al mundo del espectáculo.

Desde muy joven mostró interés por la interpretación. Mientras otros niños soñaban con convertirse en deportistas o astronautas, él encontraba refugio en el teatro y en la literatura. Su formación fue mucho más académica de lo habitual para un futuro actor de cine de terror. Estudió interpretación, teatro clásico y literatura dramática, desarrollando una pasión especial por Shakespeare y por las grandes obras teatrales europeas.

Muchos años después, quienes trabajaron con él seguirían destacando una cualidad poco habitual: detrás de su apariencia desenfadada se escondía un actor extraordinariamente culto. Y eso terminaría siendo fundamental para construir al personaje que le cambiaría la vida.

Los años de aprendizaje

Como ocurre con la mayoría de los intérpretes, el éxito no llegó de la noche a la mañana. Durante los años setenta apareció en numerosas producciones menores, trabajando tanto en televisión como en cine: Participó en películas como Buster and Billie (1974) y Stay Hungry (1976), donde compartió pantalla con jóvenes talentos que más tarde se convertirían en grandes estrellas, entre ellos Arnold Schwarzenegger y Jeff Bridges.

Era el típico actor secundario que aparecía aquí y allá acumulando experiencia mientras intentaba encontrar su lugar en Hollywood. Todavía faltaba mucho para Freddy Krueger y, antes de llegar a Elm Street, Robert conquistaría los televisores de medio mundo gracias a un personaje completamente opuesto.

Willie: El lagarto que nos robó el corazón

En 1983 llegó la serie V. La premisa era brillante: una raza extraterrestre aparentemente amistosa llegaba a la Tierra prometiendo avances científicos y tecnológicos. Poco a poco descubríamos que aquellos visitantes escondían oscuras intenciones.

La serie se convirtió en un fenómeno internacional y, entre todos sus personajes, destacó uno muy especial: Willie. Mientras el resto de visitantes eran fríos, manipuladores o directamente malvados, Willie poseía una humanidad extraordinaria. Era amable, inseguro, bondadoso y profundamente entrañable. Robert Englund logró que el público empatizara con aquel alienígena lagarto hasta convertirlo en uno de los personajes más queridos de la producción.

Resulta curioso pensar que muchos espectadores conocieron primero al amable Willie y solo un año después descubrirían que aquel actor se transformaría en la peor pesadilla de sus vidas.

La llamada de Wes Craven

A principios de los años ochenta, el director Wes Craven estaba preparando una pequeña película de terror titulada Pesadilla en Elm Street. La idea era sencilla y aterradora: un asesino podía atacarte mientras dormías. Si morías en tus sueños, también morías en la realidad.

Craven buscaba un actor capaz de transmitir inquietud incluso antes de ponerse el maquillaje. Robert Englund acudió a la prueba decidido a destacar. Según ha contado en numerosas entrevistas, se presentó deliberadamente despeinado, con ojeras marcadas y una actitud extraña que incomodara a quienes le observaban. Funcionó, pues se quedó con el papel. Y el cine de terror cambió para siempre.

Existe una idea equivocada muy extendida; muchas personas creen que Freddy Krueger triunfó gracias a su maquillaje y esto no es cierto. El maquillaje ayudó, por supuesto. Pero lo que convirtió a Freddy en una leyenda fue Robert Englund. El Freddy original escrito por Wes Craven era mucho más oscuro, silencioso y amenazante. Fue Englund quien comenzó a añadir detalles: La sonrisa, las burlas, la teatralidad, los movimientos exagerados, el sarcasmo y la manera de jugar con las víctimas antes de asesinarlas.

Freddy dejó de ser simplemente un monstruo para convertirse en un auténtico showman del terror. Cada asesinato era una representación. Cada aparición una actuación. Cada frase una mezcla perfecta entre humor negro y amenaza. Englund incorporó influencias del expresionismo alemán, del cine clásico de monstruos de la Universal y del teatro que tanto había estudiado durante su juventud. El resultado fue irrepetible; mientras otros asesinos del cine de terror permanecían en silencio, Freddy hablaba. Y cuando Freddy hablaba, el público escuchaba.

Johnny Depp, Jackie Earle Haley y la bendición de Freddy

Existe una anécdota fascinante relacionada con la primera película: Durante el casting de Pesadilla en Elm Street (1984), un joven Jackie Earle Haley se presentó para optar al papel de Glenn. Lo hizo acompañado por su mejor amigo, un actor prácticamente desconocido llamado Johnny Depp.

La historia cuenta que fue la hija de Wes Craven quien insistió en que su padre hiciera una prueba a Depp. El resultado es historia del cine; Johnny obtuvo el papel.

Décadas después, cuando se preparaba el remake de Pesadilla en Elm Street de 2010, Robert Englund recibió una propuesta para regresar como Freddy. Pero, por primera vez, tuvo que rechazarla. El actor reconoció con enorme honestidad que ya no podía afrontar las exigencias físicas del personaje. Incluso durante Freddy vs. Jason (2003) había necesitado ayuda en algunas escenas especialmente exigentes.

Entonces hizo una sugerencia: Recientemente había visto Watchmen y quedó impresionado con la interpretación de Rorschach. ¿Quién interpretaba al personaje? Jackie Earle Haley. El mismo actor que había audicionado para la primera Pesadilla más de veinticinco años antes. Englund recomendó personalmente su nombre. No todo el mundo puede presumir de haber sido elegido por Freddy Krueger para continuar su legado.

El rey del terror

Tras el éxito de Pesadilla en Elm Street, Robert Englund quedó inevitablemente ligado al género: Participó en numerosas secuelas, películas fantásticas y producciones de terror. Sin embargo, a diferencia de otros actores que renegaban de sus personajes más populares, Englund abrazó siempre su condición de icono del horror. Jamás mostró vergüenza por Freddy. Al contrario; comprendió perfectamente que aquel personaje había conectado con varias generaciones de aficionados.

Durante décadas participó en convenciones, festivales, documentales y encuentros con seguidores de todo el mundo. Su entusiasmo nunca fue fingido. Pocas figuras del cine fantástico reciben tanto cariño por parte de los fans como Robert Englund. Quienes han coincidido con él en convenciones suelen destacar lo mismo: Su cercanía, sentido del humor, paciencia y su enorme capacidad para hacer sentir especial a cada persona que se acerca a conocerle.

Quizá sea porque Robert nunca olvidó sus años de actor desconocido o quizá porque entiende mejor que nadie que Freddy Krueger le pertenece tanto a él como a quienes crecieron viendo sus películas. Sea cual sea la razón, Englund se ha ganado una reputación excepcional dentro del fandom y eso vale tanto como cualquier premio.

El hombre detrás del monstruo

Lejos de las cámaras, Robert Englund ha mantenido una vida relativamente tranquila. Ha hablado en numerosas ocasiones de su amor por el cine clásico, la literatura, el teatro y la historia del terror. Siempre ha mostrado una enorme admiración por los artistas que le precedieron: Boris Karloff, Bela Lugosi, Lon Chaney o Vincent Price. Todos ellos contribuyeron a construir el camino que él mismo recorrería décadas después.

Llegará un día en que otro actor vuelva a ponerse el sombrero de Freddy Krueger. Es inevitable. Los personajes sobreviven a quienes los interpretan. Pero el Freddy que millones de personas llevan grabado en la memoria pertenece a Robert Englund. Él no fue simplemente un actor maquillado, sino el arquitecto de una personalidad, el responsable de transformar un monstruo aterrador en uno de los iconos más reconocibles de toda la historia del cine.

Algunos actores interpretan personajes. Robert Englund creó una leyenda. Y, mientras sigan existiendo personas que apaguen la luz antes de dormir recordando aquella sonrisa quemada y aquel guante tan especial, Freddy Krueger seguirá vivo. Y con él, el hombre que convirtió nuestras pesadillas en inmortalidad.